Y ahora, ¿qué?
- Carlos García Rodríguez
- 25 feb 2022
- 2 Min. de lectura
Es la pregunta que discurre una y una otra vez por la mente de tantos y tantos jóvenes que, tras finalizar sus estudios, sean los que sean, dejan de tener un rumbo. Una vez cerrado el círculo estudiantil, comienza la terrible concatenación de trabajos, en su mayoría en precarias condiciones, y de lugares, en busca de aquel en el que finalmente encajar. Antes de que ambas cosas aparezcan, primero se produce un viaje interior y, sobre todo, exterior, un ir y venir de maleta, alquileres y pisos compartidos con gente con la que no siempre se congenia.
La del estudiante es una vida marcada por una falsa estabilidad que siempre es temporal, pues antes o después llegará el cambio radical. Los círculos creados durante la etapa del instituto, en su mayoría quedan atrás cuando el estudiante finaliza la secundaria o el bachillerato para afrontar un grado universitario o una formación profesional. En numerosas ocasiones, ese cambio implica un traslado, una nueva residencia y, por tanto, la creación de un nuevo entorno.
Es entonces cuando nuestro viajero se encuentra solo, pongamos que en una ciudad diferente, en una clase nueva, en la que no conoce a nadie, y ante unos nuevos estudios que no siempre resultan ser lo que uno espera. En el caso de que no lo sean, toca dar un nuevo giro de volante y buscar una nueva opción, dejando atrás todo lo nuevo que se había creado.
Por otro lado, en el caso de que los estudios elegidos sí satisfagan las aspiraciones de nuestro viajero, comenzará un nuevo ciclo en su vida. Una estabilidad en torno a unos compañeros de clase y de piso; sin embargo, la compañía de estos últimos tiende a ser más volátil, pues puede darse el caso de que, por la razón que sea, cambien de residencia. En ese caso tocaría, de nuevo, hacerse a la convivencia con otra persona, ya sea conocida o no.
Y es que esa es la clave de todo este viaje. Esa duda, siempre subyacente. "¿Dónde estaré el curso que viene?" "¿Seguiré con los mismos compañeros de piso?" "¿Es esto realmente lo que quiero para mí?" "¿Estoy a gusto estudiando esto?". Preguntas cuya respuesta es complicado conocer y, en ocasiones, complicado asumir; sin embargo, rara es la ocasión en la que el viajero se arrepiente de t0mar la decisión de cambiar de rumbo, en busca de tan profundo anhelo como la ya mencionada estabilidad, pues nadie tiene mejor consejero que uno mismo y su propio corazón, a menudo reñido con la propia cordura.
A pesar de todo, si algo está claro, es que en este viaje la mejor compañía es uno mismo, la única persona que realmente acertará en lo que quiere para sí. Lugares, personas, estudios... Relativamente simples variables que combinar para lograr que la pregunta nunca se repita. Y ahora, ¿qué?

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