Una especie en peligro de extinción
- Carlos García Rodríguez
- 11 dic 2021
- 3 Min. de lectura
Los tiempos cambian y, con ellos, lo hacen las profesiones y los profesionales. Casi todos los sectores han evolucionado en mayor o menor medida. Sin embargo, aún quedan algunos que han permanecido inmutables e inmunes al paso del tiempo. No hablaré, lógicamente, de aquellas profesiones de las que apenas tengo conocimiento, por lo que me centraré en aquella que ha sido mi vocación desde pequeño y en la que la evolución es necesaria, y más aún teniendo en cuenta el papel que desempeña en la sociedad.
El periodismo ha experimentado el paso del tiempo de diferentes maneras tanto de hacerlo como de entenderlo. La primera de ellas es también, de momento, la minoritaria, aunque afortunadamente se encuentra en crecimiento. Se trata de ese periodismo que ha sabido adaptarse a las nuevas formas de trabajar y, sobre todo, entiende la incursión en el sector de según qué actores o formas de actuar que, lejos de perjudicarle, pueden ser un eslabón más en una simbiosis mutuamente beneficiosa. El periodismo en red, entendido como aquel que combina interactividad, hipertextualidad y multimedialidad como elementos básicos y diferenciadores, se encuentra en crecimiento, aunque aún tiene mucho camino por recorrer, paralelamente al camino que siguen las nuevas tecnologías y aplicaciones que cada día siguen desarrollándose y que, antes o después, serán implementadas en el sector informativo.
La segunda de las maneras en las que el periodismo ha encajado el paso del tiempo, podría decirse que es aquella en la que se ha mostrado más inoperante. Me explico. Se trata de una forma de periodismo tradicional que ha introducido cambios para mejorar la experiencia informativa de la población a través de su medio, pero sin grandes pretensiones. Es decir, la mejoran, pero lo justito. Páginas de periódicos que son desastres, poco cuidadas y en las que los volcados desde la versión impresa a la digital se hacen deprisa y corriendo, obviando cualquier tipo de revisión o cualquier cosa que se parezca a controlar un mínimo aquello que se presenta en el sitio web.
Por último, se encuentra la visión inmovilista del periodismo. Se trata de aquellos profesionales de la información que más años llevan en el sector y no solo no aceptan los cambios que, inevitablemente, está sufriendo y sufrirá la profesión, sino que aprovechan su estatus, reputación y credibilidad para, sistemáticamente, lanzar mensajes negativos para zancadillear al tiempo y a todos aquellos que evolucionan a la vez que lo hace su profesión o, mejor dicho, quienes hacen evolucionar a la profesión.
Uno de los grandes argumentos esgrimidos por estos, llamémoslos cariñosamente “dinosaurios informativos”, es hablar de intrusismo. El periodismo podría considerarse la profesión que más intrusismo tiene, y eso es innegable. Y es uno de los riesgos de las nuevas tecnologías. Cualquier persona tras un blog cree que puede hacer Periodismo, y no cualquier cosa lo es. Sin embargo, lo realmente peligroso es el intrusismo mal reconocido. Un caso paradigmático es del emisor de contenido en directo Ibai Llanos, criticado, vilipendiado y defenestrado públicamente por estos “dinosaurios” desde que su fama comenzara a crecer exponencialmente a partir de 2018.
Desde mi humilde opinión de periodista que, aunque emocionalmente lo he sido desde pequeño, oficialmente lo soy desde hace cinco meses, creo que el señor Llanos está lejos de ser un enemigo para la profesión. Más bien al contrario, pues debería ser un referente para quien quiera aprender a comunicar, especialmente para aquellos que aspiran a dedicarse a la radio. Enemigos para la profesión son aquellos que regentan medios o programas informativos que alardean de su buen periodismo cuando ni siquiera ellos mismos son periodistas.
El periodismo ha sido y siempre será una profesión que se encuentra en el ojo del huracán, siempre bajo millones de lupas que aguardan al más mínimo fallo para cargar sobre ella con toda la fuerza posible, a fin de desprestigiarla y desacreditarla. El inmovilismo periodístico no hace sino facilitar este tipo de hechos y frenar una evolución necesaria y que, de no darse, terminará siendo fatal para un sector que, de por sí, ya pende de un hilo. Los tiempos cambian, y el periodismo necesita de estos cambios para poder sobrevivir, pues si de algo se nutre el periodismo de verdad, es de la actualidad. Salvemos la profesión más bonita del mundo.

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