Rodri Martín, "¡Puro talento!"
- Carlos García Rodríguez
- 18 oct 2021
- 5 Min. de lectura
Aquel que lleva a los oídos de miles de jugadores de League of Legends esa famosa frase de Ezreal desgrana los problemas actuales y pasados del mundo del doblaje y aporta su particular visión de todos ellos
Rodri Martín, actor y director de doblaje, es uno de los ejemplos de que la vida, a veces, acaba llevando a las personas por caminos que, a priori, pueden parecer impensables o inalcanzables. Natural de Valladolid, estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y, en un determinado momento, tras varios pequeños papeles en el mundo del doblaje, tuvo que elegir entre aquello que había estudiado, o lo que representaba un sueño, entonces ya palpable. A día de hoy, tiene claro que tomó la decisión correcta.

Albert Narracott en War Horse, Morty en Rick y Morty, Mercurio en la saga X-Men o Ezreal en el videojuego League of Legends son algunos de los personajes más conocidos del actor. Cada uno de ellos ha significado un aprendizaje o le ha dado algo especial, de modo que le resulta complicado quedarse con uno. “Para una madre no hay hijo feo”, afirma entre risas, a lo que añade que “cada personaje me ha aportado distintas cosas”. Resalta el cariño especial que tiene a personajes como Clay Jensen en la serie “Por 13 razones” u Otis Milburn en “Sex education”. También explica la relación de amor-odio que tiene con el personaje de Morty Smith en “Rick y Morty”. “Me parece un personajazo, pero a nivel vocal me exige mogollón y, además, cuando dices que doblas a Morty, a la gente no le importa el resto de personajes”, comenta. Reconoce ser “muy mal fan” de sus personajes y que le cuesta recordar frases concretas de algunos de ellos. Aclara, no obstante, que “nosotros no sabemos con anterioridad qué vamos a doblar”. Aun así, llegan a su memoria el ya comentado Ezreal y su famoso “¡Puro talento!” o Morty y su “¡Jo, tío!”.
Habiendo trabajado tanto con personajes reales como de animación, tiene experiencia suficiente para discernir que “es más complicado un personaje de imagen real, porque tienes que hilar muy fino para estar clavado al original” lo que, según él, no pasa con la animación, que permite algo más de creatividad y obliga a “sobreinterpretar para que el dibujo no quede aburrido”. En el puesto más bajo de su ránking sitúa al doblaje de videojuegos, que resulta más aburrido porque “no tenemos más referencias que una hoja de Excel con las líneas de texto y, en pantalla, una forma de onda del archivo de sonido, y al final es muy rutinario y menos de actor”.
Concienzudo a la hora de trabajar, admite que su “marca de la casa” es tomárselo con calma. “Me gusta oír bien el original antes de ponerme a ensayar el take. Le doy un par de vueltas y luego me pongo a ensayar”. Sostiene que, si algo hace bueno a un actor de doblaje, es su capacidad para imitar al máximo al original. “Me van saliendo papelitos y la gente sigue confiando en mí, así que mal del todo no lo haré”, concluye entre risas.
La situación actual no ha dejado indiferente a ningún sector, y el mundo del doblaje no es ninguna excepción. “Ya no podemos grabar varias personas en el atril, delante del micrófono”, aclara. Además, explica que se ven obligados a trabajar más despacio, ante la ausencia del papel en los estudios, lo que les impide tomar notas y les fuerza a “ejercitar un poco más la memoria”.
En este sentido, juegan un papel importante las nuevas plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix, Amazon Prime o HBO que, desde hace unos años, han incrementado en gran medida el número de producciones y, con ello, el trabajo de Rodri Martín y sus homólogos. No obstante, dados los tiempos que corren, esa producción se ha visto ralentizada. “Ahora estamos bajo mínimos, doblando contenidos que ya estaban grabados, como peliculitas de estas alemanas de Antena 3 o series que estaban guardadas en el cajón porque no son muy buenas…, ahora las plataformas bajo demanda las están sacando porque necesitan contenidos”.
Labor controvertida, con muchos defensores, pero también muchos detractores. “Es una profesión muy bonita. A mí como actor me aporta unas cosas que el teatro no puede”, asevera. Resalta la versatilidad del mundo del doblaje, que “permite ser muchos personajes en un mismo día”. En torno al doblaje ha existido (y parece que existirá siempre) el debate versión original-versión doblada. Hay gente que valora el cine y la riqueza del doblaje pero, según cuenta Rodri Martín, “hay gente que viene y te dice: ‘los españoles no sabemos inglés por vuestra culpa’”. Para él, es un problema de base que el nivel de inglés de los españoles no sea elevado. “Nosotros no somos los culpables, pero es más barato echarnos la culpa a nosotros que invertir en educación”.
Según el actor vallisoletano, son los actores de imagen los que mantienen una guerra fría con quienes se dedican al doblaje. “No sé si se sienten atacados por nosotros o creen que les falta trabajo de imagen porque nosotros doblamos las películas; nos consideran incluso que somos menos actores que ellos”, lamenta.
Un gran número de detractores del doblaje lo son, quizá, porque hicieron caso de los tópicos que denuncia el actor y director. “Hay muchos. Uno de ellos es que esto es un invento franquista, cuando realmente surgió por la propia necesidad del cine sonoro y, encima, durante la República, cuando el señor Franco estaba todavía por ahí perdido”.
Rodri Martín tuvo tiempo de comentar la figura de los llamados startalents, aquellas personas que, en cuanto adquieren cierto nivel de fama, comienzan a recibir papeles en películas, por lo general, de animación. Llega a considerar una “falta de respeto” y un “agravio comparativo” que las distribuidoras mantengan un nivel de exigencia muy elevado y que “cuando llega el famoso de turno, no le exijan tanto”. Entiende que son maniobras de marketing, aunque pueda llegar a suponer “estropear” una película. Según el pucelano, fue lo que ocurrió con Melendi y la película “Cómo entrenar a tu dragón 3”. “Nunca entendí esa campaña de marketing. El público objetivo de esa película dudo mucho que supiera quién es Melendi, con lo cual, ni ayudas a Melendi, ni a la película, la estropeas”.
La misma voz que hizo brotar de los ojos de los espectadores lágrimas de emoción con Albert Narracott y su caballo Joey, y de risa con Otis Milburn y sus particulares problemas, concluye la conversación animando a cualquiera que quiera iniciarse en el mundo del doblaje a que insista en la faceta actoral. “Da igual que el texto esté en boca o esté perfectamente sincronizado, si no está dicho con verdad, ese doblaje no vale: lo más importante es la interpretación”, sentencia.




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