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La España rural pierde su crédito

  • Foto del escritor: Carlos García Rodríguez
    Carlos García Rodríguez
  • 11 mar 2022
  • 6 Min. de lectura

El 80% de los municipios de los municipios de seis provincias españolas no disponen de ninguna sucursal bancaria, cinco de las cuales pertenecen a Castilla y León



REPORTAJE REALIZADO CON ADRIÁN HERRERO MATEOS Y JAVIER GARCÍA MONGE, DOS GRANDES PERIODISTAS Y AMIGOS



Los clientes van llegando a cuentagotas y se posicionan en la calle separados por la distancia de seguridad. Solo uno de ellos puede estar dentro del 'ofibús' debido a las medidas sanitarias, y el resto espera durante minutos o incluso horas charlando con el vecino más próximo. El sol y el calor de mayo suponen un golpe de fortuna para estas personas, acostumbradas a tener que soportar el frío y la lluvia durante el invierno con tal de poder operar con su dinero.


Desde hace poco más de un año, este minibús, que acude solo los miércoles, es uno de los pocos servicios bancarios disponibles para los habitantes de Villardeciervos, un pequeño pueblo de la provincia de Zamora. Pocos lo dirían hace algo más de un lustro, cuando en el municipio había dos oficinas fijas que atendían a diario las peticiones de los clientes. Ahora, este minibús y una oficina abierta dos días por semana son las únicas alternativas de las que disfrutan los vecinos para realizar sus operaciones financieras.



"Si desde 2008 a 2020 en toda España se han cerrado unas 23.000 oficinas, las estimaciones son que entre 2021 y el 2030 se cierren otras 20.000"

Esther Decimavilla Herrero, economista
y profesora de Economía en la Universidad
de Valladolid



La caída de los servicios bancarios en la comunidad es una realidad, una curva que en la última década no ha dejado de acelerar. Según datos del Banco de España, solo en Castilla y León se han cerrado 1441 oficinas, lo que supone una reducción del 47% respecto a los datos de 2010.


Palencia ha pasado de albergar 218 oficinas en 2010 a 98 en la actualidad. Esto supone una reducción de un 55%, datos que la señalan como la provincia más castigada por el sector. No obstante, hay que destacar que la pérdida de servicios bancarios no es algo exclusivo de Castilla y León, sino más bien un efecto contagio, tanto a nivel nacional como internacional. A lo largo de la última década, en Europa se ha reducido el número de oficinas un 30%. Cuando se comparan estos datos con los de España, se ve cómo en este país la situación se agrava notoriamente, con una caída total del 48% respecto a los datos iniciales.


Soria, una de las regiones más señaladas por la despoblación, es la provincia en la que esta curva se hace más plana (tan solo un 36% menos), habiendo perdido 50 oficinas en los últimos diez años. Otro dato a destacar es que Valladolid ya no es la provincia con más oficinas de la comunidad. León cuenta en la actualidad con 297 oficinas activas, por las 288 de la capital castellanoleonesa.


El cierre de oficinas afecta a cualquier municipio de la geografía española, pero se hace mucho más patente en aquellos municipios del medio rural. Además, la mayor parte del proceso se está produciendo en estas áreas, lo que conlleva claramente una exclusión económica, que se agrava aún más con la despoblación.


Vicenta Matellán, vecina de Villardeciervos desde hace más de veinte años, ha sufrido en primera persona esta evolución negativa. Vicenta explica las limitaciones que tiene la oficina móvil y repasa las dificultades que se encuentran los habitantes del pueblo a la hora de realizar movimientos financieros, especialmente aquellos que por su edad no cuentan con la formación ni los medios necesarios para utilizar las nuevas vías. La vecina cree que esta prestación debería considerarse un servicio esencial y aboga por una mayor reivindicación por parte de los organismos públicos y de los propios habitantes del municipio.



El problema del cierre de las oficinas es especialmente cruel con el medio rural. Si en la media de España afecta a un 3% o un 5% de la población, en Castilla y León perjudica a un 15%. Solo en la última década esta comunidad ha perdido 159.967 personas, o lo que es lo mismo, un 6,24% de su población, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Burgos es la provincia de toda la comunidad donde menos se nota esta despoblación, con una reducción total del 4,5%. En el polo opuesto, la herida se hace más profunda en dos lugares concretos. León y Zamora son las dos provincias españolas que más población han perdido desde 2010. León cuenta con 42.845 personas menos que hace justo una década, lo que supone un decrecimiento poblacional del 8,58%. Zamora, por su parte, es el epicentro de este problema con una pérdida cercana al 12%.




Esther Decimavilla Herrero, economista y profesora de la Universidad de Valladolid, desgrana las causas, consecuencias y posibles soluciones al cada vez más acuciante problema de cierre de oficinas, especialmente en lo que se refiere a la España rural. La España despoblada no solo sufre la pérdida de población, sino que ello repercute también en una progresiva desaparición de servicios entre los que se encuentran los bancarios.


Esther se muestra pesimista ante el más que complicado futuro de las zonas rurales, partiendo desde un también complicado presente que ha venido agravándose durante los últimos diez años. Asimismo, observa una tendencia poco o nada halagüeña para estas zonas y sus habitantes, para los que la brecha digital y la exclusión financiera es cada vez mayor.


Fernando Vallelado Prieto, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, y actual Director General del Tesoro y de Política Financiera de la Junta de Castilla y León desde al año 2015, aporta su punto de vista respecto a la necesaria modernización de según qué procesos y servicios. Recalca la dificultad de mantener las oficinas en determinadas zonas donde la población es escasa, dada la poca rentabilidad que ello generaría a lo que, a fin de cuentas, son empresas que buscan obtener el máximo beneficio posible.




Fernando cree que el cierre de oficinas no va unido al incremento de la exclusión financiera. Apunta que la situación actual generada por la pandemia de Covid-19 ha motivado en gran parte este cambio, en tanto en cuanto la presencialidad de las gestiones se ha reducido al mínimo e incluso la población maneja mucho menos dinero en efectivo, dado que gran parte de las transacciones se hacen mediante tarjetas o de forma telemática, a través del teléfono móvil, aunque sea por seguridad higiénico sanitaria.






Ambos expertos coinciden en que hay muchas alternativas que pueden facilitar el acceso a liquidez o a un servicio financiero básico en todas las zonas de España, como puede ser un convenio con Correos, pero que para ser puestas en marcha requieren de un compromiso firme y una colaboración estable entre el sector público y las empresas privadas. A pesar de ello, tanto Esther como Fernando son conscientes de que el número de oficinas bancarias va a seguir cayendo en picado, también como consecuencia de las sucesivas fusiones entre las entidades bancarias más grandes, lo que también implica un aumento de los despidos y un mayor número de trabajadores que en los próximos años engrosarán las listas del paro.


A pesar del gran número de alternativas que a priori están disponibles para estas zonas, no todos los pueblos tienen el “lujo” de poder realizar operaciones financieras. Hace unas semanas, Codesal, pueblo situado a ocho kilómetros de Villardeciervos, vio cómo sus habitantes eran privados de la posibilidad de acceder a su dinero en su propia localidad.




"Hay que tener en cuenta que el servicio financiero no es un servicio esencial,

como sí ocurre con la sanidad o la educación"

Fernando Vallelado Prieto, Director General del Tesoro y Política Financiera






A unos 33 kilómetros de Villardeciervos, en la localidad de Santa Croya de Tera, el proceso de recorte de los servicios bancarios ha sido algo más lento. Los habitantes de este pequeño pueblo de casi trescientos habitantes todavía gozan del privilegio del servicio presencial. A pesar del cierre, hace algo más de dos años, de una de las dos sucursales del pueblo, aún resta una que ofrece atención directa a los residentes del pueblo. Sin embargo, esta prestación es poco frecuente y solo les permite realizar operaciones financieras dos días a la semana. Durante la mañana de los martes y los viernes, los vecinos pueden acudir a la oficina de su pueblo, un pequeño resquicio que ayuda a los más mayores a completar gestiones que cada vez son más complicadas para ellos y para las que insoslayablemente precisan de un contacto humano, y no a través de una máquina o una pantalla.

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